Una semilla que transforma el mundo
La Semana de Cristo en Mateo y el Negocio como Misión
Imagina una semilla.
Cuando una semilla cae en la tierra, su cáscara se rompe y parece morir en la oscuridad. Sin embargo, sin ese proceso, nunca podría nacer una flor ni dar fruto.
El Evangelio de Mateo registra con gran detalle el sufrimiento de Jesús: las lágrimas en el huerto de Getsemaní, la traición de sus discípulos, la muerte en la cruz y, finalmente, la mañana del sepulcro vacío. Esta historia, dos mil años después, sigue hablándonos con una fuerza inigualable. Y hoy, un movimiento contemporáneo conocido como BAM (Business as Mission, Negocios como Misión) está profundamente conectado con ese mismo relato.
Lo sagrado que estaba encerrado en un lugar especial se derramó sobre el mundo entero
"Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo..." — Mateo 27:51
En el instante mismo en que Jesús exhaló su último aliento en la cruz, el grueso velo del templo se rasgó de arriba abajo.
Ese velo separaba el lugar más sagrado del templo, el Lugar Santísimo, del resto del mundo. Era una cortina de tal espesor que ninguna fuerza humana podría haberla desgarrado. Y, sin embargo, se rasgó desde arriba hacia abajo, no desde abajo hacia arriba. No fue la mano del hombre la que lo hizo; fue Dios mismo quien abrió el camino desde lo alto.
¿Qué significa esto?
Que lo sagrado ya no está reservado para un lugar ni para unas pocas personas. Desde ese momento, Dios entró en la vida cotidiana de cada persona, sin excepción.
Durante siglos, el encuentro con Dios era posible solo en el templo y únicamente a través de los sacerdotes. Pero desde que ese velo se rasgó, lo sagrado se extendió a cada rincón de la existencia humana.
El BAM parte exactamente de este principio. Durante mucho tiempo, la misión fue considerada un ámbito exclusivo de pastores y misioneros, personas con una vocación especial y separada del mundo ordinario. Pero el BAM proclama algo diferente: administrar una cafetería, hornear pan, abrir un negocio, todo eso puede ser obra de Dios. El mercado, el lugar de trabajo, la plaza pública, se convierten en espacios sagrados. Así como el velo del templo fue rasgado, el BAM derriba el muro que separa "lo sagrado" de "lo cotidiano".
Solo después de la noche más oscura llega la mañana más luminosa
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" — Mateo 27:46
Estas fueron las palabras que Jesús pronunció desde la cruz. Aquel que es Dios experimentó el dolor de sentirse abandonado por Dios. Sus discípulos habían huido (Mateo 26:56) y Pedro lo negó tres veces (Mateo 26:75). Todo parecía haber terminado.
Pero tres días después, llegó la mañana.
"No está aquí, pues ha resucitado, tal como dijo." — Mateo 28:6
Ni la gran piedra que sellaba el sepulcro, ni los soldados romanos apostados como guardia, pudieron detener la resurrección.
Los estudiosos del futuro y de los sistemas complejos hablan de un concepto llamado "antifrágil": la capacidad de ciertas cosas de volverse más fuertes precisamente a causa del sufrimiento y el caos, del mismo modo en que un hueso roto, al sanar, queda más resistente que antes.
La cruz de Jesús no fue el fin. Fue el proceso necesario para un comienzo incomparablemente más glorioso.
Las empresas BAM viven esta misma realidad. En cualquier negocio llega el momento de la crisis, el instante en que todo parece a punto de colapsar. Del mismo modo en que Jesús oró en Getsemaní: "Que pase de mí esta copa" (Mateo 26:39) y aun así eligió someterse a la voluntad del Padre hasta el final, los emprendedores BAM no huyen ante la adversidad.
Al atravesar esa dificultad, la empresa deja de ser simplemente una entidad que genera dinero y se transforma en una organización que hace algo verdaderamente valioso; una empresa más sólida, más profunda y orientada por una misión que trasciende el beneficio económico.
Un solo sacrificio puede salvar al mundo entero
"Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones..." — Mateo 28:19
Estas son las últimas palabras que el Jesús resucitado dirigió a sus discípulos. Las conocemos como la Gran Comisión.
La muerte y resurrección de una sola persona se convirtió en la semilla de vida para todos los pueblos del mundo. Como el grano de trigo que cae en la tierra y muere, para luego dar fruto en abundancia.
El mundo contemporáneo está despertando a un concepto que va más allá de la mera "sostenibilidad", es decir, simplemente mantener lo que existe. El nuevo horizonte es la regeneración: restaurar lo que está roto, devolver la vida a lo que ha muerto.
Los emprendedores BAM practican este principio en sus negocios. No acumulan las ganancias para sí mismos. Siembran su tiempo, su dinero y su pasión como semillas en la comunidad que los rodea.
Así como Jesús entregó su propia vida para insuflar aliento nuevo a un mundo que se apagaba, los emprendedores BAM siembran vida a través de su sacrificio y entrega en comunidades económicamente empobrecidas, entre personas que han perdido la esperanza, entre vecinos que aún no han escuchado el evangelio. Un solo sacrificio regresa multiplicado en fruto abundante.
La Semana de Cristo en el Evangelio de Mateo no termina en tragedia.
Getsemaní, la agonía — la cruz, la muerte — el sepulcro vacío, la resurrección.
Esta secuencia es la manera en que Dios transforma el mundo. Y el BAM no es simplemente "evangelizar mientras se trabaja". Ambos comparten una misma verdad fundamental:
El cambio verdadero comienza en el sacrificio, y la resurrección más grande ocurre precisamente allí donde todo parecía muerto.
Quizás cada pequeño acto de entrega que realizamos en nuestra vida cotidiana pueda convertirse en la semilla que transforma la vida de alguien más.
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