¿Qué relación tiene BAM con la iglesia?
— No sustitución, sino colaboración: dos comunidades que juntas construyen el Reino de Dios
A medida que BAM se ha ido difundiendo, dentro de la iglesia comenzaron a surgir reacciones cautelosas.
Estas preocupaciones son comprensibles. Cada vez que aparece un movimiento nuevo, es natural que se genere tensión con el orden existente.
Sin embargo, estas inquietudes nacen de un malentendido. BAM no es un movimiento que busca reemplazar a la iglesia. Desde el inicio, BAM fue concebido como un movimiento diseñado para colaborar con la iglesia. La iglesia y BAM son comunidades de distinta forma, pero caminan hacia el mismo Reino de Dios y cumplen, cada una en su lugar, un rol propio. Comprender correctamente esta relación es esencial para practicar BAM de manera saludable.
1. ¿Qué es la iglesia? — Su esencia como comunidad de adoración
Antes de hablar de la relación entre BAM y la iglesia, debemos aclarar primero la esencia de la iglesia. Solo cuando la respuesta a “¿qué es la iglesia?” es clara, la relación con BAM también se vuelve clara.
La palabra “iglesia” proviene del griego Ekklesia, que significa “asamblea de los llamados”. La iglesia no es un edificio. No es un programa específico ni una organización en sí misma. La iglesia es una comunidad de personas que confiesan a Jesucristo como Señor, se reúnen para adorar a Dios, escuchar la Palabra, cuidarse mutuamente y ser enviadas al mundo. Esa es la esencia de la iglesia.
Las funciones principales de la iglesia pueden resumirse en cuatro: adoración, Palabra, comunión y misión. La adoración es el acto comunitario de dar gloria a Dios. La Palabra es el proceso de conocer la voluntad de Dios a través de las Escrituras. La comunión es la relación por la cual los creyentes se cuidan y se edifican dentro de la comunidad de fe. Y la misión es el llamado a salir al mundo, anunciar el evangelio y expandir el Reino de Dios.
De estas cuatro funciones, la más distintiva y la que la iglesia realiza de manera única es la adoración. Reunirse como pueblo, exaltar a Dios, proclamar la Palabra, celebrar los sacramentos y elevar oración comunitaria es una misión propia de la iglesia. Esto es lo que hace que la iglesia sea iglesia. BAM no puede reemplazar esta función esencial, ni pretende hacerlo.
2. ¿Qué es BAM? — Su esencia como comunidad de trabajo
Si la iglesia es una comunidad de adoración, BAM es una comunidad de trabajo. Ambas comunidades son fundamentalmente distintas en su forma de existir y en su manera de funcionar.
La empresa BAM existe en el mercado. Es un espacio de actividad económica: produce bienes, presta servicios, crea empleo y genera ganancias. Las personas que se reúnen dentro de una empresa BAM no lo hacen porque hayan confesado la fe, sino porque comparten una actividad común: el trabajo. Entre los empleados puede haber cristianos, personas de otras religiones o personas sin religión.
Esta diferencia es crucial. La iglesia es la comunidad de los que ya confesaron la fe; la empresa BAM es una comunidad mucho más diversa que incluye a personas que aún no han hecho esa confesión.
Si la iglesia es la asamblea de los llamados, la empresa BAM es el escenario cotidiano donde viven aquellos que serán llamados. Si la iglesia edifica a los santos mediante la Palabra y la adoración y los envía al mundo, la empresa BAM es el lugar donde esos enviados encarnan el Reino de Dios dentro del mundo.
Como comunidad de trabajo, BAM puede existir donde la iglesia tiene dificultad para llegar. La iglesia se establece donde hay libertad para formar una iglesia y donde es legalmente posible. En cambio, una empresa BAM puede entrar en el corazón de sociedades cerradas al evangelio, en regiones donde no hay iglesias, y en la vida de personas a las que no se puede acceder por la forma “iglesia”. Esa es la singular posibilidad misionera de BAM como comunidad de trabajo.
3. Por qué ambas comunidades se necesitan mutuamente
La iglesia y BAM son distintas, pero se necesitan profundamente. Eso es lo que significa una colaboración saludable: no se trata de que una absorba o sustituya a la otra, sino de que cada una cumpla su rol único, complementándose y fortaleciéndose.
BAM necesita a la iglesia.
Primero, quienes sirven en BAM deben crecer y sostenerse espiritualmente. Luchar cada día en el mercado, enfrentando la lógica del mundo y preservando el propósito misionero, no es fácil. Los que trabajan en BAM deben renovarse mediante la Palabra, ser consolados por la comunión y recibir fuerzas por la oración comunitaria. Sin adoración, Palabra y comunión, tarde o temprano se agotarán espiritualmente.
Segundo, BAM necesita fundamento teológico y sabiduría provista por la iglesia. En el ámbito empresarial surgen dilemas éticos, desafíos culturales y decisiones misioneras complejas. Es difícil cargar todo esto solo. Por eso se necesita la sabiduría pastoral y el discernimiento comunitario de la iglesia para sostener el rumbo correcto.
Tercero, BAM necesita envío y apoyo comunitario. Ser enviado oficialmente por la iglesia y ser sostenido por su oración e interés otorga legitimidad y fuerza espiritual. No es lo mismo vivir la misión solo en silencio que hacerlo como alguien enviado y respaldado por una comunidad.
4. La iglesia también necesita a BAM
La colaboración no es unilateral. Así como BAM necesita a la iglesia, la iglesia también necesita a BAM. Muchas iglesias aún no lo reconocen suficientemente.
Primero, BAM puede llegar a personas a las que la iglesia no logra alcanzar. Hay personas que no entran a una iglesia, que tienen prejuicios fuertes o que reaccionan con alergia a formas religiosas. Puede que no crucen la puerta de un templo, pero sí pueden abrir el corazón en relaciones laborales, en conversaciones en una cafetería, o compartiendo vida cotidiana. BAM se convierte en un canal por el cual el evangelio puede fluir hacia ellos.
Segundo, BAM ayuda a los creyentes a integrar su vida del lunes con su fe. Muchos cristianos experimentan una separación profunda entre domingo y lunes. La fe dentro del templo y la vida en el trabajo parecen dos mundos distintos. La teología y la práctica de BAM rompen esta separación. Cuando se reconoce que el trabajo es un campo misionero, la fe se extiende naturalmente del domingo al resto de la semana, del templo al lugar de trabajo. Esto fortalece la madurez espiritual de cada creyente y aumenta la capacidad misionera de la iglesia.
Tercero, BAM enriquece la estrategia misionera de la iglesia. Muchas iglesias participan en misión enviando y sosteniendo misioneros de manera tradicional. BAM no reemplaza este modelo; lo complementa y lo expande. Especialmente en lugares donde el método tradicional no puede entrar, BAM se convierte en una estrategia clave que enriquece el “portafolio misionero” de la iglesia.
5. ¿Cómo se construye una estructura de colaboración?
Si la colaboración entre iglesia y BAM es la forma más saludable, entonces, ¿cómo se ve concretamente?
La colaboración más básica es que la persona que sirve en BAM esté arraigada en una comunidad de fe saludable: asistir regularmente a la adoración, participar en un grupo pequeño, mantener una relación de confianza con pastores y líderes. Aunque parece obvio, es algo fácil de descuidar cuando el negocio absorbe el tiempo. Cuando la conexión con la comunidad de adoración se debilita, la salud de BAM entra en riesgo.
Un nivel más profundo es que la iglesia reconozca y apoye oficialmente a BAM: realizar un acto de envío, orar regularmente por la empresa BAM, y permitir que la persona comparta periódicamente su ministerio ante la congregación. Estas prácticas conectan de manera real a la iglesia con BAM. El ideal es que la iglesia entienda BAM como parte de su misión, y que quienes sirven en BAM sostengan una identidad clara como enviados.
La colaboración más madura es cuando iglesia y BAM planifican y ejecutan juntos una estrategia misionera. Disciernen en oración hacia qué región y hacia qué personas avanzar, la iglesia provee apoyo espiritual y comunitario, y BAM implementa esa estrategia en el campo real mediante el negocio. En ese punto, iglesia y BAM se convierten verdaderamente en un solo equipo misionero.
6. Cómo manejar la tensión de manera saludable
Entre la iglesia y BAM pueden surgir tensiones inevitables. No debemos ignorarlas ni evitarlas, sino tratarlas con madurez.
La tensión más común es el choque de prioridades. Cuando el negocio está muy ocupado, es difícil ser fiel a la adoración y a las actividades de la iglesia. Quienes sirven en BAM viven esta tensión constantemente. La respuesta no es simple, pero el principio sí: en el momento en que la conexión con la comunidad de adoración se afloja, también se debilita la fuerza espiritual de BAM. Descuidar la iglesia por la “ocupación del negocio” es una decisión que, a largo plazo, pone en peligro a BAM.
Otra tensión surge por diferencias teológicas. Algunos líderes eclesiales todavía dudan en reconocer BAM como una forma legítima de misión. Tienen reservas teológicas sobre identificar negocio con misión. Esta tensión debe tratarse mediante diálogo abierto y persuasión teológica. Quienes sirven en BAM no deberían defenderse de manera reactiva, sino compartir con humildad fundamentos bíblicos y frutos reales del campo misionero, ayudando a los líderes a comprender BAM.
7. El Reino de Dios que ambas comunidades realizan juntas
La imagen más hermosa para describir la relación entre la iglesia y BAM es la de dos alas. Así como un ave vuela con dos alas, la misión del Reino avanza con más fuerza cuando la comunidad de adoración y la comunidad de trabajo operan juntas. Con una sola ala no se puede volar. Ni solo la iglesia, ni solo BAM pueden completar plenamente la misión del Reino. Cuando ambas alas se mueven juntas, el evangelio puede llegar hasta lo más profundo del mundo.
La iglesia edifica a los creyentes por la adoración y la Palabra, y los envía al mundo. BAM es el lugar donde esos enviados encarnan los valores del Reino dentro del mundo. La iglesia sostiene espiritualmente a BAM; y BAM se convierte en un canal del evangelio en lugares donde la iglesia no puede llegar.
En esta colaboración, la misión de Dios fluye más allá de los muros del templo: hacia el mercado, el trabajo y cada rincón del mundo que necesita el evangelio.
BAM no es el competidor de la iglesia. BAM es uno de los brazos más fuertes por los cuales la iglesia se extiende hacia el mundo. Y la iglesia es la raíz más firme que sostiene a BAM para que no pierda el rumbo.
Cuando esta relación se mantiene sana, ambas comunidades se convierten en hermosos colaboradores que juntos edifican el Reino de Dios en la tierra.
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