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[Serie BAM #8] ¿BAM debe ganar mucho dinero?

 ¿BAM debe ganar mucho dinero? 

— El significado de la ganancia vista desde la mayordomía, no desde la codicia


Entre quienes se interesan por BAM, especialmente los que son espiritualmente serios, hay un punto que a menudo genera incomodidad: el tema del dinero y la rentabilidad. Surgen preguntas como: “¿Es correcto querer ganar mucho dinero mientras decimos que hacemos negocio para la misión?” “¿Buscar ganancias encaja con el llamado de Dios?” “Si me obsesiono con el dinero, ¿no terminaré perdiendo el propósito misionero original?”

Esta incomodidad nace de una sensibilidad espiritual saludable. La Biblia advierte repetidamente sobre la codicia y la idolatría del dinero. Sin embargo, si esa incomodidad se vuelve excesiva y termina demonizando la ganancia misma, o si se enfatiza una dedicación “pura” ignorando la sostenibilidad hasta que la obra colapsa, eso tampoco es bíblico.



BAM adopta una postura equilibrada entre estos dos extremos.
No se trata de que haya que ganar mucho.
Pero sí de que debe ser sostenible.

Estas dos frases expresan con mayor precisión la postura de BAM frente a la rentabilidad.


1. Dos extremos equivocados respecto a la ganancia

Para comprender correctamente el tema, primero debemos identificar dos extremos equivocados: uno es hacer de la maximización de ganancias el objetivo supremo; el otro es considerar la ganancia como algo impuro por sí mismo. BAM rechaza ambos.

El primer extremo es el “fundamentalismo de la maximización de ganancias”. Desde esta perspectiva, el éxito se mide por cuánto dinero se gana. Y al final de esa lógica, se termina justificando incluso la explotación de empleados, la destrucción del ambiente o el engaño al cliente con tal de aumentar beneficios. BAM rechaza esto de frente. En BAM, la ganancia no es el fin, sino un medio. Sacrificar personas por dinero choca directamente con el núcleo de BAM: una estructura que forma y levanta personas.

El segundo extremo es el rechazo a la ganancia. Según esta visión, ganar mucho dinero es espiritualmente sospechoso; un negocio “misionero” debería enfocarse en el ministerio más que en la rentabilidad, y soportar dificultades financieras se considera prueba de mayor entrega. Esto parece piadoso, pero en la práctica genera problemas graves. Un negocio sin ganancias no puede sostenerse, y lo que no se sostiene no puede producir frutos misioneros. BAM también rechaza esta postura. Generar ganancia es ejercer fielmente la mayordomía que Dios nos confió; es espiritualmente legítimo y deseable.


2. ¿Qué dice la Biblia sobre la ganancia?

Es crucial comprender correctamente la enseñanza bíblica sobre el dinero. La Biblia no afirma que el dinero en sí sea malo. En 1 Timoteo 6:10, cuando Pablo dice que “el amor al dinero es raíz de todos los males”, lo que denuncia no es el dinero, sino amarlo — la codicia.

El dinero es neutral. El problema no es el dinero, sino la dirección del corazón.

La parábola de los talentos de Jesús es muy reveladora. El señor entrega talentos a sus siervos y se va. Al volver, felicita a los siervos que multiplicaron lo recibido: “Bien, buen siervo y fiel.” Es importante notar que el señor no condena el hecho de haber aumentado los talentos; al contrario, lo alaba como una mayordomía fiel. En cambio, reprende al siervo que enterró el talento y no produjo fruto. Esta parábola enseña que administrar con diligencia los recursos confiados por Dios para producir fruto es la actitud correcta del mayordomo.

Proverbios también mira positivamente la ganancia fruto del trabajo diligente. Proverbios 10:4 dice: “La mano negligente empobrece; mas la mano de los diligentes enriquece.” Trabajar con fidelidad y generar fruto es una forma de vida bíblicamente afirmada. La cuestión es con qué corazón, de qué manera y para qué propósito se usa esa ganancia. BAM coloca justamente en el centro ese “cómo” y ese “por qué”.


3. ¿Qué significa sostenibilidad?

En BAM, el concepto clave no es ganar mucho, sino ser sostenible. Entonces, ¿qué significa sostenibilidad?

En su sentido más básico, significa que el negocio puede mantenerse por sí mismo sin apoyo financiero externo. Que puede pagar salarios, cubrir costos operativos, seguir invirtiendo lo necesario y permanecer en ganancia o al menos por encima del punto de equilibrio.

Si eso no se logra, el negocio terminará dependiendo de donaciones externas. Y en ese momento, vuelve a caer en el modelo tradicional de misión sostenida por apoyo, exactamente el problema que BAM surgió para superar.

Pero sostenibilidad no significa solo “tener números positivos”. La verdadera sostenibilidad implica que con el tiempo el negocio se vuelve más saludable, se arraiga más profundamente y amplía su impacto. Incluye estabilidad financiera, crecimiento del equipo humano, cultura organizacional sana y relaciones más profundas con la comunidad. Si hay ganancias pero los empleados se queman, la comunidad se rompe y el propósito misionero se diluye, eso no es sostenibilidad real.

Además, la sostenibilidad debe entenderse a largo plazo. Es normal que al inicio haya pérdidas; todo negocio necesita tiempo para iniciar y crecer. Lo que BAM advierte no es la pérdida inicial, sino un modelo estructuralmente incapaz de generar ganancia o una dinámica de déficit prolongado sin perspectiva de mejora. En ese escenario, la energía y los recursos del misionero se consumen en “salvar el negocio”, impidiendo concentrarse en la misión esencial de formar personas.


4. Cómo una estructura deficitaria afecta la misión a largo plazo

Que una estructura deficitaria hace difícil la misión a largo plazo no es solo un principio administrativo; es una lección dolorosa aprendida en el campo misionero.

Piense en lo que ocurre cuando un misionero sostiene un negocio con pérdidas. Primero aparece el estrés financiero: cada mes hay que llenar el agujero, contactar donantes, buscar cómo cubrir sueldos, vivir en ansiedad constante. Este estrés consume energía física y emocional, y quita capacidad para relacionarse, discipular y compartir el evangelio.



Segundo, la presión económica distorsiona el juicio misionero. Para “salvar el negocio”, se empiezan a tomar decisiones que comprometen los valores originales: cambiar principios de contratación, descuidar relaciones comunitarias, priorizar resultados de corto plazo por encima de levantar personas. El propósito misionero se desplaza lentamente frente a la presión de supervivencia.

Tercero, un negocio que no se sostiene envía señales equivocadas a la comunidad local. Si cierra pronto, puede dejar una impresión negativa: “así son los negocios de cristianos.” En cambio, un negocio sostenible, que crece de manera saludable, trata con justicia a los empleados y aporta valor real a la comunidad, se convierte en un testimonio vivo del Reino. La salud del negocio fortalece la credibilidad del evangelio.


5. Más importante que el tamaño de la ganancia es su dirección

En BAM, la pregunta sobre la ganancia no es “¿cuánto gano?”, sino “¿cómo la gano?” y “¿para qué la uso?” La dirección de la ganancia define la autenticidad más que su magnitud.

El “cómo” pregunta si el proceso de generar ganancias coincide con los valores de BAM. Si se explota a empleados, se engaña a clientes o se destruye el ambiente, esa ganancia — por grande que sea — no es ganancia BAM. En BAM, la ganancia debe surgir de transacciones honestas y justas, respetando la dignidad de los trabajadores y entregando valor real a la comunidad. El proceso mismo debe encarnar los valores del Reino.

El “para qué” pregunta si la ganancia está conectada con el propósito misionero. En BAM, la ganancia suele fluir en tres direcciones:

Primero, reinversión en el negocio: para crecer de manera saludable, contratar más personas y mejorar productos y servicios.

Segundo, inversión en personas: capacitación y desarrollo del equipo, cuidado de empleados y sus familias en situaciones difíciles, respuesta a necesidades de la comunidad.

Tercero, inversión en la expansión del Reino: apoyar a quienes inician otros negocios BAM, fortalecer a la iglesia local o participar en proyectos de desarrollo comunitario.

Cuando estas tres direcciones se mantienen en equilibrio, la ganancia funciona plenamente como recurso misionero.


6. La ganancia vista desde la mayordomía

La lente correcta para ver la ganancia en BAM es la mayordomía. Un mayordomo administra lo que pertenece al dueño. Sabe que los recursos no son suyos y los usa según el propósito del dueño.

En BAM, la ganancia no es “del fundador”. Es un recurso confiado por Dios. Esa convicción se convierte en el criterio de toda decisión.

Entonces cambia la pregunta: ya no es “¿debo ganar mucho o poco?”

La pregunta se convierte en:

¿Estoy administrando fielmente los recursos de este negocio para el propósito de Dios?
¿Estoy generando ganancia de manera sostenible?
¿Esa ganancia está fluyendo para formar personas y expandir el Reino?

Estar de pie con honestidad frente a estas preguntas es la actitud correcta hacia la ganancia en BAM.

Ganar mucho no es el objetivo.
Pero ganar de manera sostenible es responsabilidad del mayordomo.
Ganar con integridad es encarnar los valores del Reino.
Y usarlo conforme al propósito es el deber natural de quien administra lo que Dios confió.

La ganancia no es el fin de BAM.
Pero sin ganancia, BAM no puede cumplir su propósito.

Sobre esta verdad simple y profunda se sostiene la comprensión de BAM respecto al dinero: no codicia, no rechazo, sino mayordomía. Así mira BAM la rentabilidad.

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