Cuando un día ordinario se convierte en un escenario extraordinario
Hoy, como cada día, suena la alarma a las 4:30 de la madrugada.
Abro los ojos y me levanto de la cama para comenzar mi tiempo de meditación.
Todavía no me acostumbro del todo al olor del mar en la madrugada. Ese aire frío que entra por la ventana, mezclado con el aroma salado, llena el pequeño espacio mientras me siento en un sillón individual y cierro suavemente los ojos.
Un nuevo día comienza en esta ciudad llena de sonidos y olores que aún me resultan extraños.
Mientras oro con los ojos cerrados, intento imaginar cómo será el día que está por empezar.
En la calle ya se escuchan conversaciones en idiomas que todavía no me resultan familiares. Todo parece indicar que será simplemente otro día más, igual al de ayer.
Pero entonces surge una pregunta.
¿Y si este día tan común fuera, en realidad, el escenario donde nuestra fe se demuestra con mayor claridad?
Con frecuencia pensamos que lo sagrado ocurre dentro del templo un domingo, o en momentos especiales en el campo misionero. Sin embargo, la realidad puede ser muy diferente.
La evidencia más auténtica de la fe aparece precisamente en lo cotidiano: en el camino al trabajo, en una mesa de negociación, en una llamada con un cliente o en un almuerzo con colegas.
Es en esos espacios aparentemente normales donde la fe se vuelve visible.
Trabajando en una tierra extranjera, hubo una pregunta que volvió a aparecer una y otra vez en mi interior:
“¿Quién soy yo aquí?”
¿Soy un empresario?
¿Un misionero?
¿Un extranjero?
¿O simplemente un peregrino?
En medio de esa confusión de identidad, Dios habló con claridad a mi corazón:
“Eres extranjero. Pero eso no es una debilidad, es tu llamado.”
Dos calendarios
Si vienes de Asia oriental, hay algo muy familiar: vivir con dos calendarios.
El calendario solar y el calendario lunar.
Durante mucho tiempo he vivido entre esos dos calendarios. Y, de hecho, todavía lo hago.
En mi documento de identidad, mi fecha de nacimiento está registrada según el calendario lunar. Pero cuando alguien me pregunta cuándo es mi cumpleaños, siempre respondo con la fecha del calendario solar.
Si alguien mira mi documento y pregunta por esa fecha, inevitablemente tengo que explicar toda la historia: que es un cumpleaños lunar y que, además, cambia cada año.
Los cristianos también solemos vivir con otro tipo de dos calendarios:
el calendario del domingo y el calendario de los días laborales.
El lenguaje de la iglesia y el lenguaje del mercado.
Lo sagrado y lo secular.
Durante mucho tiempo hemos aceptado esa línea divisoria como algo natural, viviendo silenciosamente divididos entre dos mundos.
El lunes por la mañana, el sermón del domingo ya parece algo lejano.
Cuando enfrentamos exigencias injustas en el trabajo, cuando un contrato se cae, o cuando debemos construir confianza con socios de otra cultura, surge una pregunta inevitable:
¿Dónde está nuestra fe en ese momento?
Quiero abrazar una nueva forma de pensar.
Tal vez sería mejor llamarlo una respuesta.
La línea que separa lo sagrado de lo secular no fue trazada por Dios.
Fue una línea que nosotros mismos dibujamos por conveniencia.
Siempre he admirado a José.
José no tenía un título impresionante ni un escenario glorioso. De hecho, su historia es todo lo contrario.
Fue vendido como esclavo y luego encarcelado injustamente.
Sin embargo, en cada uno de esos lugares vivió su llamado.
Daniel también es un ejemplo poderoso.
Trabajó como funcionario en un imperio extranjero, pero nunca olvidó quién era.
Su lugar de trabajo se convirtió en su lugar de adoración.
Su misión no consistía en un título religioso impresionante, sino en cumplir fielmente con la tarea que Dios le había confiado en ese momento.
La lucha de la perspectiva
Cuando hablamos de mentalidad, todo comienza con la perspectiva.
La forma en que interpretamos una misma situación puede cambiar completamente el resultado.
¿La barrera del idioma es una razón para quejarnos?
¿O un regalo que nos obliga a escuchar con mayor atención?
¿Las diferencias culturales generan conflicto?
¿O nos abren la puerta para comprender un mundo más amplio?
En un entorno desconocido siempre enfrentamos dos caminos.
Podemos detenernos viendo nuestras carencias,
o podemos avanzar interpretando esas carencias como oportunidades.
Las historias que realmente valen la pena contar siempre pertenecen a quienes eligieron el segundo camino.
La raíz de esa perspectiva es sencilla:
La convicción de que Dios nos ha enviado a este lugar.
La fe exige evidencia.
Pero esa evidencia no se demuestra con palabras religiosas ni con testimonios espectaculares.
Se demuestra cumpliendo los contratos con honestidad.
Respetando los plazos.
Tomando decisiones que protejan a los más vulnerables.
Construyendo confianza a través de la excelencia.
Ese es el evangelio que el mundo puede leer.
Y esa es la adoración que los cristianos ofrecen en su lugar de trabajo.
Hemos sido llamados a ser personas que conectan.
Conectar a Dios con las personas que aún no lo conocen.
Ser puentes de reconciliación.
Un puente entre la forma en que funciona el mundo y el orden original del Reino de Dios.
Un negocio que busca ganancias sin explotar al prójimo.
Una competencia que no necesita destruir al otro para avanzar.
En ese espacio, el cristiano no es simplemente alguien que busca éxito.
Es alguien que vive para conectar.
Hoy y la misión
La palabra clave es hoy.
Más que planes vagos para el mañana, lo que realmente importa es la pequeña obediencia de este momento.
Las grandes misiones siempre se construyen sobre decisiones pequeñas tomadas en días ordinarios.
Dondequiera que estés hoy:
ya sea que acabas de llegar a un país extranjero,
que lleves décadas trabajando en la misma ciudad,
o que estés dirigiendo un pequeño negocio.
Este mensaje quiere recordarte algo:
tu vida cotidiana ya está situada sobre un escenario extraordinario.
¿Todo parece incierto?
¿Sientes que te faltan habilidades, idioma o contactos?
No pasa nada.
Dios no usa personas terminadas y perfectas.
La pequeña obediencia de hoy es suficiente para comenzar.
Deseo sinceramente que estas palabras transformen tus días de semana,
que te ayuden a ver tu vida cotidiana como un lugar de adoración.
Y que tu hoy se convierta en una conexión pequeña pero firme
entre este mundo y el Reino de Dios.
2 Comentarios
Muchas gracias Nio por compartir tus días de preguntas y meditaciones que surgen en la cotidianidad 😌
ResponderBorrarGracias a ti! Yeraldine! Vamos creciendo juntos.
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